Duras decisiones frente al aumento de casos por COVID

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Duras decisiones frente al aumento de casos por COVID

Con la aparición de esta nueva variante Ómicron, los profesionales de la salud se enfrentan a situaciones donde deben tomar decisiones muy difíciles.

Las primeras estrategias que se llevan a cabo cuando los sistemas sanitarios se acercan a las condiciones de crisis, consisten en hacer todo lo posible para conservar y reasignar los escasos recursos, esperanzados en continuar brindando una buena atención. Por ejemplo, las llamadas medidas de contingencia están enfocadas en cancelar las cirugías electivas, trasladar al personal quirúrgico a otras instancias de hospitalización para que preste atención, y retener a los pacientes en el servicio de urgencias.

Sin embargo, cuando una crisis se intensifica hasta el punto de que no se pueden prestar los servicios básicos, es necesario instaurar un protocolo de intervención.

Entonces, en esos niveles extremos de falta de medios, se aplicarán las normas de atención en crisis, que afectan la disponibilidad de cualquier tipo de recurso: desde el personal hasta el material, o el del espacio mismo para internación. Todo esto ocasiona que el servicio brindado sea de inferior calidad que en condiciones normales.

Los protocolos de emergencia sanitarios

Durante el primer año de la aparición de la pandemia y ante la total incertidumbre que se tenía sobre el comportamiento de este virus, al no disponerse de suficientes respiradores para todos los contagiados, los esfuerzos estuvieron dirigidos en delimitar algunas consideraciones éticas para elegir quién debería obtener un ventilador, priorizando aquellas situaciones que permitan salvar más vidas.

Los hospitales proponen utilizar un sistema de puntuación que cuente cuántos órganos de un paciente fallan y con qué intensidad. Esto es debido a que las personas con múltiples órganos que fallan tienen muy poca esperanza de vida, lo que en un estado de protocolo sanitario de emergencia, los excluye de la prioridad.

Afortunadamente, con el uso de mascarillas, el distanciamiento social y el cierre de negocios, que funcionaron para el control de los contagios, no fue necesario utilizar este sistema.

En diciembre de 2021 en Colorado, los hospitales estaban llenos. Algunos incluso superaban el 100% de su capacidad. Por este motivo, muchos profesionales de la salud se enfrentan nuevamente a decisiones difíciles, duras, incluso aplicando el método de selección antes mencionado.

Si bien la provisión de materiales hoy es mayor, el personal de salud ha disminuido, debido a fallecimientos, e incluso el estrés y el agotamiento al que se sometieron, hoy no les permite estar al 100% en sus funciones.

Actualmente, los equipos de planificación evalúan a pacientes que puedan sobrevivir fuera de la UCI. Sin embargo, al liberar esos lugares se requerirán más camas de recuperación, por lo que también es importante identificar a quienes puedan ser enviadas a casa antes.

Un problema más se presenta cuando las habitaciones de recuperación también están ocupadas. Una posible solución sería que aquellas personas con infecciones graves por el uso de drogas por vía intravenosa, que regularmente son mantenidas en el hospital mientras reciben tratamiento, fueran enviadas a su casa. Esto implica tomar una decisión de las llamadas difíciles que en algún momento deberán tomarse.

Otro tema que preocupa al personal sanitario es el preparar a familiares. ¿Cómo explicar al paciente y familiares que la atención que están recibiendo no es la que correspondería porque la situación es abrumadora?

Al aparecer las vacunas se esperaba no volver a tener estas conversaciones, pero ante la aparición de nuevas variantes, nuevos contagios, y la insuficiente protección de las vacunas hacen que se plantee nuevamente este escenario.